A mi juicio, la responsabilidad social tiene hoy en día tres grandes pilares: la fundamentación ética, la contribución a los Objetivos del Milenio y las relaciones con los grupos de interés.
Quisiera centrarme en este último punto.
Se busca que la empresa identifique cuáles son sus grupos de interés y determine qué beneficios les puede proporcionar. Las personas de mentalidad más avanzada proponen que dichos beneficios se construyan conjuntamente, dado que no es una cuestión exclusiva de la empresa, ni todos los intereses de los grupos de interés son responsabilidad de una empresa determinada.
Pero lo que a mí me interesa del tema es su connotación política. El hecho de que se pone sobre la mesa el problema de los conflictos de interés, que suele entenderse un poco como un tabú, o como un asunto que se zanja con normas éticas.
Lo primero que habría que decir al respecto es que la empresa es también un grupo de interés (así lo reconoce el último borrador de la Guía ISO en la sección relativa a las relaciones con la comunidad). Significa que también la empresa busca algo de cada uno de sus interlocutores, más allá de las metas comerciales. También supone que hay unas relaciones de poder, según las cuales algunos actores tendrán mayor capacidad de influencia que otros.
Lo que no quiere decir es que dichos conflictos sean ilegítimos: no es ilegítimo que unos tengan más poder que otros; como no es ilegítimo que la empresa busque algún beneficio de sus relaciones con la comunidad o de sus estrategias de “mercadeo social”. Lo que no está bien es que las negociaciones se realicen por debajo de la mesa. Ese hacerlo de manera abierta y transparente es el ejercicio mismo de la política. Y lo que en última instancia confiere legitimidad al conjunto de relaciones es el hecho de que cada uno de los participantes sea consciente del compromiso que tiene con el bien común, más allá de las pretensiones particulares.
Cuando reconozcamos la legitimidad de los intereses particulares de los grupos de interés, nuestro pensamiento y nuestro diálogo partirán de paradigmas fundados en criterios éticos y transparentes; y en esa misma medida estaremos en condiciones de identificar, simultáneamente con los beneficios particulares, aquellos que contribuyen al bien común.
Una muestra de esta perspectiva la podemos ver en el modelo de las Cajas de Compensación Familiar. Allí se reúnen empleados y empleadores para proporcionar beneficios a las familias (el interés común) a partir de la definición de mecanismos que proporcionan a los particulares (empresas y colaboradores) lo que cada uno no podría conseguir individualmente.
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